En el mundo de Harry Potter, la magia puede curar heridas que para un Muggle resultarían imposibles de tratar, pero también puede provocar accidentes, enfermedades y daños que ni siquiera un buen hechizo puede solucionar. Para eso existe San Mungo, el Hospital para Enfermedades y Heridas Mágicas, uno de los lugares más interesantes del universo creado por J. K. Rowling.
Situado en Londres, San Mungo permanece oculto a los Muggles tras la apariencia de unos grandes almacenes abandonados llamados Purge & Dowse Ltd.. Esta entrada es mucho más que una simple dirección secreta: representa perfectamente la convivencia entre el mundo mágico y el Muggle bajo el Estatuto Internacional del Secreto.
Dentro del hospital, los Sanadores se ocupan de problemas que no encontraríamos precisamente en un hospital convencional. Explosiones de calderos, accidentes con escobas, mordeduras de criaturas, enfermedades mágicas, envenenamientos y daños provocados por maldiciones forman parte de su día a día. La medicina mágica combina pociones, plantas y encantamientos, aunque las novelas dejan claro que ni siquiera la magia puede repararlo todo.
Uno de los ejemplos más importantes aparece en Harry Potter y la Orden del Fénix. Tras ser atacado por Nagini, Arthur Weasley es trasladado a San Mungo, donde Harry, Ron, Hermione y los hermanos Weasley acuden a visitarlo. Allí conocemos la planta dedicada a las heridas provocadas por criaturas mágicas y el pabellón de mordeduras graves de Dai Llewellyn.
Pero la verdadera importancia de San Mungo aparece durante una segunda visita. Harry descubre accidentalmente a Gilderoy Lockhart, cuya memoria quedó destrozada por el hechizo que lanzó contra Harry y Ron en la Cámara de los Secretos. Poco después, el grupo se encuentra con Neville y su abuela, y Harry conoce por primera vez la terrible situación de Frank y Alice Longbottom.
Ese momento convierte a San Mungo en mucho más que un hospital: es uno de los lugares donde la saga muestra las consecuencias permanentes de la guerra contra Voldemort. Frank y Alice no necesitan simplemente una poción para recuperarse. Sus daños mágicos son tan graves que permanecen bajo cuidados permanentes en el pabellón Janus Thickey.
Y precisamente aquí encontramos otra de las grandes oportunidades para la nueva serie de HBO. San Mungo nunca apareció realmente en las películas, a pesar de que la visita ocupa un capítulo completo de La Orden del Fénix.
Una adaptación televisiva con más tiempo podría aprovechar este escenario para desarrollar la historia de los Longbottom, mostrar con mayor profundidad el trabajo de los Sanadores y recuperar uno de esos rincones del Mundo Mágico que las películas tuvieron que sacrificar.
Porque San Mungo representa algo esencial en Harry Potter: la magia puede hacer cosas extraordinarias, pero no puede borrar todas las heridas. Y quizá por eso este hospital merece mucho más protagonismo en la nueva adaptación.